De la Feria de Abril al trono: el mayor obstáculo de Máxima de Holanda para ser reina

¿Sabías qué palabra confundió a Máxima de Holanda al aprender neerlandés? Descubre el divertido y difícil camino de la reina para conquistar los Países Bajos.

REALEZA

2/27/20262 min read

La historia de amor entre Máxima Zorreguieta y el rey Guillermo Alejandro parece sacada de una novela, con Sevilla como telón de fondo. Todo comenzó en 1999, bajo los farolillos de la caseta del Real Club de Andalucía (AERO), donde un encuentro casual inició una amistad que terminaría en boda real. Sin embargo, el camino de la ejecutiva argentina hacia el trono de los Países Bajos no fue un camino de rosas, enfrentándose a un reto que casi la hace flaquear: dominar el complejo idioma neerlandés.

Para integrarse en la corte, Máxima contó con una aliada fundamental, Lieke Gaarlandt, dama de honor de la reina Beatriz. Su misión fue transformarla en la princesa perfecta, enseñándole desde los protocolos más rígidos hasta las costumbres más cotidianas de su nuevo hogar. La actual reina se sumergió en un aprendizaje intensivo que la llevó desde institutos de élite en Bélgica hasta el salón de su casa, donde utilizaba programas de televisión y juegos de palabras para agilizar su oído y su pronunciación.

Fiel a su carácter cercano y natural, la soberana ha confesado recientemente algunas de sus anécdotas más divertidas durante este proceso. Entre risas, recordó su confusión con la palabra boterham; mientras ella esperaba algo relacionado con mantequilla o jamón (por su sonoridad), resultó ser una simple rebanada de pan, el pilar del desayuno típico holandés. Esta capacidad de reírse de sus propios errores es, precisamente, lo que le permitió ganarse el corazón de un pueblo que inicialmente la miraba con lupa.

Incluso el propio Guillermo Alejandro se convirtió en su tutor particular de fonética, practicando con los nombres de las calles de La Haya durante sus paseos. Hoy, Máxima de Holanda es un referente de superación e integración institucional, demostrando que detrás de la corona hay años de estudio, esfuerzo y mucha paciencia. Su evolución desde Nueva York hasta el palacio es la prueba de que, para reinar, no basta con el amor, también hace falta dominar el diccionario.